domingo, 7 de noviembre de 2010

Bülent Diken, City of God

La jornada 2/10/2009

El texto de Bülent Diken analiza desde una perspectiva teórico-sociológica la película de Meirelles "City of God". Dentro de la argumentación se encuentran aspectos tales como la constitución de instituciones zero y las tendencias hacia la "favelización" de las ciudades, sin embargo existe una noción particularmente interesante para analizar el caso de México. El argumento en torno a la inclusión exclusionaria o la exclusión inclusionaria plantea la problemática de los límites existentes entre la relación dicotómica inclusión-exclusión, al margen de la imposibilidad de manera plena las categorías del adentro y el afuera en las sociedades.


En este sentido, el autor retoma el argumento deconstructivista, que puede encontrarse en el trabajo de Derrida, sobre el estatuto de la presencia-ausencia en la filosofía occidental. Retoma también la figura del "espectro" como categoría cuya aparición no se revela como ausencia o presencia, y adquiere un carácter indecidible en cuanto se pretende determinar su perjuicio o beneficio. Esta metáfora sirve para aproximarse al análisis de las favelas en Brasil y el intento por su erradicación, en tanto elementos "ajenos" a las ciudades, sin embargo, la metáfora puede extenderse para toda manifestación social que no se reconoce dentro de la normalidad de la sociedad misma. Las apariciones espectrales "aparecen" como tales siempre que es posible identificar elementos de transversalidad entre ámbitos o procesos que se asumen como paralelos.


Un segundo argumento es utilizado para acercarse al análisis de la transversalidad existente entre las favelas y la ciudad. Más allá del reconocimiento de que las favelas en las ciudades no tienen otro lugar de aparición que no sea la ciudad misma, existe la posibilidad de definir la existencia de "campos", en el sentido en que lo hace Bordieau, como esferas de acción con estructura y normas precisables, aunque sin espacio físico que permita su delimitación. Así, los elementos del poder vertical de la sociedad brasileña que en gran medida se muestran incapaces de penetrar la lógica de las favelas, encuentran la posibilidad de influir mediante símbolos, objetos y sujetos comunes a los diversos campos de acción social.


Por lo tanto la inclusión exclusionaria refiere a un tipo de relación específica que se da en la relación conflictiva entre las definiciones de adentro-afuera, nosotros-otros, propio-ajeno; ciudad-favela. La inclusión puede referir a la existencia física de la favela en la ciudad, de la ciudad en la favela, de la coexistencia de lógicas heterónomas, y la exclusión da cuenta del esfuerzo por desconocer los elementos de comunidad, favoreciendo la segregación y reproducción de las diferencias. También puede dar cuenta de la fallida construcción de las nociones de unidad ante las reapariciones espectrales de la diferencia.


En México es posible identificar al menos dos elementos en común con estas nociones utilizadas para estudiar el caso brasileño. En primer lugar, como espacios físicos identificables, Ciudad Juárez y Tijuana constituyen tal vez las ciudades paradigmáticas en cuanto a violencia y criminalidad. Desde el exterior de estos espacios, los medios los presentan como el modelo de un NO- México, asignando una maldad inherente a su existencia. Sin embargo, un análisis sobre las diversas lógicas que convergen en ambas ciudades podría presentar por un lado la existencia efectiva de una normalidad diferenciada al México que se asume como propio, lo cual en última instancia es un fenómeno común a toda ciudad y región del país en tanto que se pretenda introducirlos dentro de un modelo ideal de unidad-México; por otro lado, sería posible identificar elementos que reproducen las prácticas deseada dentro de la normalidad, así como los instrumentos de influencia efectiva del poder vertical del sistema político mexicano.


Desde la noción de campos diferenciados, el narcotráfico muestra una lógica propia que se extiende dentro del territorio de un país y una sociedad que no le reconoce como propio. Normas distintas, usos lingüísticos específicos, y una actividad económica ilícita constituyen características que permiten hablar de un campo. Los elementos de transversalidad pueden encontrarse en la participación financiera de los grandes líderes del narcotráfico en diversas empresas en México, las cuentas bancarias manejadas tanto al interior como al exterior del país, la influencia en la política, los presuntos nexos del "Chapo", cuya "fortuna" ha sido registrada en "Forbes", como prestanombres de una ex primera dama, la música y toda una industria del entretenimiento cuyas ideas surgen del negocio del narcotráfico en México. De tal forma que aún cuando se pretende desconocer como propio, su presencia en estos términos contradice un tipo de discurso que niega nuestra coexistencia y comunidad.

Incidencia delictiva en el DF


Estos son los links de los documentos de la PGJ-DF, sobre la incidencia delictiva en el DF en el periodo enero-julio 2010 y su comparativo nacional para el año 2009:

http://www.pgjdf.gob.mx/temas/1-3-1/fuentes/10.pdf

http://www.pgjdf.gob.mx/temas/1-3-1/fuentes/nacional.pdf

Caroline O N Moser, Urban violence and insecurity: and introductory roadmap

El texto de Moser constituye una interesante propuesta metodológica para el análisis de los procesos y fenómenos asociados con la violencia y la criminalidad. Esto en dos sentidos, primero a través de la categorización de la violencia urbana; en segundo lugar categorizando la respuesta a esta violencia.

Analizar el caso de la violencia y la inseguridad en la Ciudad de México puede comenzar por un análisis de los tipos de violencia predominantes y algunos índices delictivos. Si bien es cierto, que a nivel nacional existe una percepción de violencia generalizada, en 2009 y en lo que va de este año, retomando las categorías del texto, la violencia asociada a factores económicos y económico-sociales fue la que presentó una mayor incidencia.

De acuerdo con datos de la PGJ-DF, en el 2009 la tasa de incidencia delictiva en el Df fue de 2136 delitos por cada 100 mil habitantes. Lo anterior ubico al DF como la séptima entidad en incidencia delictiva a nivel nacional, rebasando la incidencia nacional de 1506 delitos por cada 100 mil habitantes, y siguiendo una tendencia creciente desde 2006.

En la comparativa nacional para el mismo año, sólo existen tres delitos en los que el DF aparece dentro de los primeros 5 lugares por su tasa de incidencia: Robo en general (1109.7 por cada 100 mil habitantes), robo a transeúnte (339.8 por cada 100 mil habitantes) y robo a negocios (3175 por cada 100 mil habitantes). En este sentido, para el periodo de enero a julio del 2010 las cifras reportadas por la PGJ-DF ubican los principales tipos de robo de la siguiente forma:

Tipo de Robo

Total de casos

Promedio diario

Robo de vehículo automotor

14 713

69.4

Robo a transeúnte

9997

47.2

Robo a negocio con violencia

2 937

13.9

Robo a repartidor

2 901

13.7


Aún cuando los datos de la PGJ muestran que la violencia en el DF está concentrada en este tipo de delitos, existen diversos conflictos de tipo político e institucional que afectan en la percepción de la violencia en la ciudad. Entre estos fenómenos podrían encontrarse los intentos de linchamientos en diversas delegaciones, el abuso policiaco, los conflictos por demandas urbana, así como la violencia entre organizaciones sociales con fines políticos.

Si bien es cierto que lo datos muestran tendencias significativas, la interpretación y el análisis de la violencia urbana y la criminalidad se enfrentan a la dificultad de la confiabilidad de los datos, debido a dos factores principalmente, la manipulación de las tasas de criminalidad por parte de las instancias de gobierno e impartición de justicia, e imposibilidad de conocer de manera precisa la cantidad real de delitos debido a aquellos que no son denunciados y por lo tanto no se encuentran registrados en estadística alguna. Aún así, resulte tal vez conveniente seguir con el análisis a mediante la contrastación de los datos de las mayores fuentes posibles. Por otro lado, para el caso de la Ciudad de México, y del país en general, existe una carencia significativa de datos en relación con la violencia de tipo institucional.


sábado, 6 de noviembre de 2010

Teresa Caldeira, Fortified Enclaves: The New Urban Segregation









¿En qué consisten los nuevos enclaves fortificados? ¿Qué características poseen en la Ciudad de México? ¿Qué consecuencias poseen sobre la convivencia habitual de la ciudad?




De acuerdo con Caldeira es posible definir, al menos de forma general, la tendencia en los desarrollos inmobiliarios a la fortificación, como la construcción de espacios residenciales "privatizados, cerrados y monitoreados" características a la cuales, a través del análisis es posible agregar la despolitización, una idea de funcionalidad encerrada sobre sí misma y de cápsula de seguridad.




Si bien, al igual que Samira Kawash y Mike Davis, Caldeira refiere con su texto al debate en torno a la definición de los límites de lo público y lo privado en las ciudades, existe un giro hacia el análisis del espacio de la vida privada en su relación con un contexto de publicidad espacial. En este sentido, la fortificación y la tendencia al enclaustramiento se derivan de la asignación de una calificación negativa de la ciudad, que justifica los intentos por alejarse de la maldad inherente a las calles y espacios abiertos de la ciudad. Sin embargo, esta búsqueda de complejos independientes y ajenos a la ciudad dentro de la misma ciudad genera una separación efectiva en muchos aspectos e imaginaria en otros. Pues si bien es cierto que por un lado las barreras y dispositivos de seguridad impiden traspasar sus fronteras a los "otros" de la ciudad, en la práctica esos "otros" les resultan necesarios. Por lo cual la segregación social está controlada por los impulsos esquizofrénicos de las clases altas, y por el desdoblamiento de la personalidad de las nuevas clases "medias".




En la Ciudad de México es posible encontrar una nueva fortificación casi en cada nueva construcción destinada a la vivienda. Una breve mirada en las campañas propagandísticas de todo tipo de viviendas, desde viviendas de interés social hasta lujosos departamentos en zonas residenciales, muestran que si bien la segregación física es efectiva, la noción sobre la conveniencia de esa segregación es compartida, producto tal vez de una inevitable convivencia diaria. Frases de todo tipo, entre las que existen promesas comunes: "Seguridad las 24 hrs" "Conjunto bardeado" "vigilancia y acceso controlado" "Privadas" "Fraccionamiento exclusivo" "Sistemas de seguridad" "Lo último en tecnología de protección" "Alberca, gimnasio y más" "Áreas recreativas para ti y tu familia" "Funcionalidad" "Todo lo necesario sin ir lejos"




De tal forma que mientras la tecnología permite en muchos casos recorrer mayores distancias en menor tiempo, la tendencia en la ciudad es a permanecer cerca, o en su defecto a trasladarse sin contratiempo de un espacio cerrado a otro. Y aún cuando de manera fáctica los recursos posibilitan un mayor aislamiento, la residencia en la Ciudad de México requiere cada vez más de adaptar determinados mecanismo que brinden seguridad y funcionalidad al entorno inmediato.






Mike Davis, Fortress L.A



En el texto, Mike Davis analiza una situación y tendencia específica que tiene lugar en la ciudad de Los Ángeles, pero que puede ser extensiva a otras ciudades en el mundo, la construcción de la ciudad como fortaleza militarizada. Sin embargo, esta tendencia obliga a ir más allá y plantear como cuestión a resolver ¿de dónde surge esta tendencia a la fortificación de las ciudades? Del texto es posible aproximarse a la respuesta, al observar que existen factores físicos y psicológicos que influyen en la construcción de nociones compartidas sobre el riesgo, la vulnerabilidad, las amenazas, la seguridad y la reducción de incertidumbre. Der tal forma, los intentos por brindar “seguridad” a la vida diaria estarán sobredeterminados desde diversas aristas.





Como consecuencia de un arreglo especifico sobre las concepciones que influyen en las nociones de seguridad, en el texto se exponen tres elementos para el análisis de la fortificación de las ciudades. Primero, el paradigma predominante sobre la seguridad en la ciudad; en segundo lugar, la creación de un espacio público determinado que refuerza la sensación de seguridad en la ciudad; por último, la respuesta gubernamental (policiaca en su mayoría) a las situaciones de inseguridad. En este sentido, la Ciudad de México puede analizarse también desde la consideración de estos tres factores. El tema de la constitución de lo público se encuentra reflejado de mejor manera en el texto anterior de Samari Kawash.



Para el caso de la Ciudad de México los factores empíricos que influyen en la búsqueda de seguridad pueden encontrarse principalmente en los altos índices de robo en todas sus modalidades, sin embargo, la privatización de la seguridad podría encontrar su origen en la percepción del sistema de impartición de justicia y en los cuerpos policiacos como incompetentes y corruptos ante la delincuencia. Por otro lado, y siguiendo la tendencia nacional, la violencia relacionada con el crimen organizado, el narcotráfico y su combate, han fortalecido el miedo como parte rutinaria de la vida en México. Un tercer elemento ha sido explotado por los medios de comunicación masiva: el “cibermiedo”. Los ataques a los sistemas informáticos han generado temor debido al vínculo establecido entre la vulnerabilidad de la información confidencial en el ciberespacio y la vulnerabilidad ante la delincuencia.





Aún cuando estos tres elementos influyen en una concepción generalizada de miedo, su interpretación no es la misma para la constitución de una imagen de seguridad para todos los sectores de la población en la Ciudad de México. En gran medida, la fortificación de la ciudad sólo puede ser llevada a cabo por los sectores sociales con la capacidad monetaria de afrontar el gasto necesario, ya sea en el ámbito de la vida privada o en las diversas instituciones públicas gubernamentales. Es así que los grandes proyectos y tendencias en materia de seguridad en la Ciudad de México, al igual que en Los Ángeles, están ligadas a los sectores ricos de la sociedad. Sin embargo, en México resulta paradójico el hecho de que se ligue la seguridad cotidiana de los centros económicos a un “modelo WASP” como el de las ciudades en EUA. Es paradójico en dos sentidos: en primer lugar porque excluye de la noción de lo deseable a la mayoría de la población de la ciudad, ya sea por motivos raciales, económicos o culturales; en segundo lugar, porque esa noción exclusiva para lograr la seguridad es adoptada también en gran medida por amplios sectores de los grupos a los cuales se pretendería excluir.



Dejando de lado la configuración de un espacio público “seguro”, ¿en qué medidas es posible identificar la tendencia a la fortificación de la Ciudad de México? Como respuesta pública gubernamental es posible señalar entre otras medidas policiacas el “mejoramiento” del armamento utilizado por las corporaciones, de igual forma que la adquisición de nuevos vehículos y la implementación de la vigilancia aérea a través de helicópteros, la instalación de cámaras de “seguridad” tanto en las calles de la ciudad como en hospitales, transportes, edificios de gobierno, plazas públicas y escuelas. En el ámbito privado la proliferación de empresas de seguridad, enfocadas tanto a la protección de instalaciones físicas y al resguardo de valores, como a la protección de personas; de igual forma que en el sector público, se ha seguido la instalación de circuitos cerrados de videograbación, alarmas conectadas con departamentos policiacos y compra de armamentos permitidos e instrumentos de protección; asimismo para la recuperación de autos robados, diversas empresas ofrecen servicios de geolocalización satelital, e incluso de maniobras y elementos armados para la recuperación.





Si bien los avances tecnológicos han “servido” para combatir la delincuencia y presentar una imagen de ciudades seguras, es posible que la implementación misma de estas tecnologías incremente la sensación de inseguridad y el deseo de la fortificación-militarización de las ciudades.

Mirror´s Edge: Un espejo de ciudad fortificada





El video es parte de una de las escenas introductorias del videojuego desarrollado por EA para las plataformas Xbox 360 y PS3. Básicamente el guión del juego presenta a Faith (protagonista) como parte de un equipo de "runners" o mensajeros de información que el sistema no desea difundir, por lo tanto perseguidos en una ciudad videovigilada y fortificada por los diversos cuerpos policiacos controlados por una empresa de seguridad privada. El ambiente desarrollado muestra la inexistencia de espacios públicos abiertos, así como la predominancia de las grandes construcciones.


New Eden:


Samira Kawash, The homeless body



"Lo social no es tan sólo el infinito juego de las diferencias. Es también el intento de limitar este juego, de domesticar la infinitud, de abarcarla dentro de la finitud de un orden. Pero este orden —o estructura— ya no presenta la forma de una esencia subyacente de lo social; es, por el contrario, el intento de actuar sobre lo "social", de hegemonizarlo."


Ernesto Laclau


En la foto: un tipo no ideal de homeless en EUA que desafía los límites de su rol e interpela a la "sociedad", dejando cuenta de su existencia a pesar de la "sociedad" misma


Dentro del trabajo de Samira Kawash es posible ubicar diversas metáforas utilizadas para explicar la existencia de un "homeless body" en las ciudades. Sin embargo, ninguna de ellas me parece con mayor potencialidad que la del homeless body como "síntoma y símbolo de las promesas fallidas del progreso y la prosperidad". Haciendo una modificación, la aparición de este tipo de fenómenos sociales puede ser leída desde la óptica de su aparición como síntomas de la "imposibilidad" de la sociedad. Dos precisiones más: al hablar de síntoma me refiero al uso lingüístico proveniente de las primeras fases del psicoanálisis freudiano, es decir, al síntoma como el retorno de lo reprimido; en segundo lugar, la imposibilidad de la sociedad, siguiendo el argumento de Laclau, no hace referencia a una imposibilidad empírica de lo social, sino a la precariedad de todo intento conceptual por limitar la infinidad de relaciones que ocurren en lo social.


Dejar como marco referencial el ámbito conceptual y aterrizar hacia un intento empírico explicativo de los procesos de "aparición" de un cuerpo sin casa requiere de ubicar a este tipo específico dentro de los debates que no pocas veces se dan en los sistemas sociales por definir el espacio de lo público y lo privado. Poniendo énfasis en la generación de nociones funcionales sobre lo que ha de entenderse como la publicidad de lo público es posible identificar al menos dos elementos que dejan abierta la posibilidad de surgimiento de sus propios síntomas. Definir lo público requiere de la definición de todo aquello que no lo es, operación realizada no sólo en el sentido de mostrar la relación dicotómica entre público-privado, sino de señalar aquello que sin ser privado no se desea como público. Se trata de definir los límites y establecer conceptualmente en un supuesto imaginario colectivo los criterios para la exclusión de acciones, conductas y nociones. Por otro lado, el establecimiento de los límites físicos espaciales de lo público define también un impulso autoritario de dotarlos de una gama de usos "legítimos" del espacio.


Lo anterior permite conceptualizar al fenómeno de los cuerpos sin casa no sólo como la descripción de su existencia física, sino, y así es definido en el texto, como un fenómeno bidimensional de exclusión. Es una exclusión empírica del ámbito espacial de lo público, sin embargo también es la puesta en marcha de las nociones construidas para la exclusión del homeless body de un modelo de sociedad que sólo tiene completa plenitud en la subjetividad individual. El texto de Samira Sawash presenta quizás su mayor debilidad al dejar de lado los mecanismos a través de los cuales se difunde la "Idea" exclusionaria de sociedad.


De tal forma, analizar la existencia de los cuerpos sin casa en la Ciudad de México puede comenzar por formularse dos preguntas iniciales: ¿Cuáles son los mecanismos específicos por los cuales se difunden las nociones para la comprensión de lo aceptado como público? Y ¿Cuales son las consecuencias materiales de estas nociones? Tal vez resulta pertinente también no dejar de lado las repercusiones que las nociones compartidas sobre la sociedad deseada generan en otros procesos sociales, pues el fenómeno del homeless body tal como lo presenta Kawash pudiera no poseer la relevancia pretendida dentro de los procesos sociales de exclusión y comportamiento "correcto". Me refiero con ello, a que cuando en el texto se habla de una tendencia a la minimización del espacio físico utilizado por el cuerpo sin casa, podría tratarse, al menos en México, de una tendencia mayor que pretende la minimización de toda existencia física y de sus manifestaciones en la ciudad.


Un intento por responder a la primera pregunta para el caso de la Ciudad de México, podría comenzar por reconocer cuáles son las principales instancias de socialización. Agrupadas por la amplitud de emisión de sus mensajes la familia inculca las nociones básicas sobre el bien y el mal dentro de la sociedad. En este sentido, podría encontrarse una primera categoría de clasificación social para la exclusión, entre aquellos que poseen y aquellos que no poseen un lugar para ser y estar. Por otro lado, también es posible encontrar en este ámbito, uno de los primeros intentos por reducir al mínimo la presencia física que es presentada como molesta o como un obstáculo, y a los "otros" como peligrosos. Un segundo ámbito en las clases de comportamiento "cívico" y en las constantes amenazas de sanción a las "malas" conductas en la escuela, juzgadas al margen de un desacuerdo y confusión constante sobre los límites del mal y del bien. Guerras malas y revoluciones buenas; reproducción animal natural y sexualidad reprimida; la Nación mexicana patriota (contradicción lingüística en sí misma), heroica, trabajadora y su imposibilidad revelada en corrupción policial comúnmente aceptada; familia y hogar inherentemente buenos, soledad, pobreza y carencia, peligrosos e indeseables a corta distancia, objeto de lástima y "altruismo"; estas y muchas más categorías que preconfiguran la relación, o su intento de no-relación, entre los ciudadanos "buenos" y "exitosos" de quienes por su incapacidad o perversión han sido condenados a la condición de sin casa y sin lugar. Por último, el espacio al que son capaces de llegar los medios masivos de información a través de sus modelos ideales de la sociedad mexicana, que en la práctica excluye de los modelos "relevantes" a más del 60% de la población en México y a más de 10 millones de mexicanos de exportación.


Ahora bien, a las concepciones sobre lo deseable e indeseable de la sociedad mexicana en relación con los cuerpos sin casa corresponden determinadas medidas de exclusión material, y otras que dificultan su existencia. Un primer ejemplo de exclusión "altruista" tiene 10 años de exitosa distinción y desastrosa incorporación. El programa "Frio Invierno, Calor Humano" es presentado este año como un programa con éxito en sus 9 años anteriores y se presenta como una opción para disminuir el número de víctimas letales del fracaso económico en temporada invernal. Sin embargo, del hecho de que siga existiendo un programa de tal magnitud es posible observar la inexistencia o el fracaso de los programas que buscan atender la situación de los grupos "vulnerables" durante las otras 3 estaciones del año, de tal forma que el invierno sigue siendo frio y el calor humano poco accesible.


Un segundo ejemplo se puede encontrar en la re configuración actual del espacio público en el DF. En relación con el fenómeno del homeless body se han adoptado medidas paradójicas entre sí mismas, por un lado en el Zócalo de la Ciudad de México, la calle de Madero ha sido transformada para facilitar el tránsito de las personas y propiciar la recreación (en términos de consumo) en esa zona. Sin embargo de la existencia de un corredor peatonal, como proyecto inicial para extenderse en todo el Zócalo capitalino se deprende la consecuencia de utilizar sus calles como "refugio" durante periodos extensos de tiempo. Por otro lado, la creación de espacios de juego para niños en los camellones de la avenida Eduardo Molina, han seguido la tendencia de cancelar el tránsito o permanencia en los "parques" fuera de horarios establecidos y del capricho de sus administradores.


Ambos ejemplos no constituyen prácticas aisladas, sino tendencias que ponen en funcionamiento los deseos esquizofrénicos que no se reconoce como generadora de sus propios síntomas, sea en el caso de los cuerpos sin casa o en cualquier otro en que son sobrepasados los límites de sus articulaciones significativas y contingentes sobre la "sociedad".